Las palabras son los como dedos entrelazados de dos personas que pasean. Unos dedos que a veces son suaves y tiernos, agradables y reconfortantes y otras presentan unas durezas y callosidades que hacen que a la hora de seguir caminando juntos hacia delante, avancemos pensando casi únicamente en esa desagradable sensación. Lo triste es que ese malestar no nos dejan disfrutar del caminar, del paseo. A veces la sensación se hace tan desagradable que nuestros dedos se sueltan y el volver atrás, el volver a agarrarse, se hace quizás más difícil, aunque sigamos notando el hombro del otro contra el nuestro.

Si uno se para a pensar un poco verá que lo mejor que se puede hacer cuando empiezan a surgir estas percepciones, es asirse mas fuertemente, entrelazar tus dedos a los suyos aun con mas ganas y de este modo lograr que el roce que se produce apenas se note, que apenas nos distraiga de nuestro caminar juntos


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