Son días tranquilos los que últimamente veo y me paro a comprar en el quiosco que hay frente a la puerta de mi casa. Días donde las mañanas y tardes me traen una liviana carga de trabajo muy acorde con la época del año en que estamos, meses de vacaciones y de cierres. Las tardes, casi siempre, acaban con paseos en bicicleta o en tranquilos paseos junto a ella, tambien son tardes de terraza, cervezas y charlas y a veces tardes de cine. Unos atardeceres donde la cena da paso a insulsas películas en la television cuya trama siempre contiene escenas donde hay alguna que otra cabezada en el sofá entre cojines y piernas entrelazadas ....

Pero las noches y sus silencios llega siempre en el momento adecuado en que surge un abrazo antes de dormir junto con susurros ... susurros que fluyen de los labios y de las yemas de los dedos, susurros que van agarrado de las mano de silencios conocidos y sonrisas compartidas.



Se agarró a su madre mientras escuchaba atentamente lo que esta le decía. Llevaba en su mochila los libros, la merienda, los cromos y en sus manos la mascarilla, una mascarilla de color verde como el equipaje de su equipo de fútbol preferido. Su madre era una mujer con una persistente tos, bastante común entre la gente de su edad, entre la generación que vio cambiar de triste manera su ciudad, sus montes, su vida,... El ascensor se paró, dejando entrar al señor Paco, la persona mas anciana del edificio. Con un buenos días se dirigió a los ocupantes mientras miraba con sus vidriosos ojos las manos del crío que en ese momento jugaba con su mascarilla verde. Posando sus ásperas manos sobre la cabeza del chaval le pregunto si iba a clase, le preguntó por las notas y por sus amigos, le preguntó si era bueno y si obedecía a su madre,...todo ello mientras esta los miraba seria y con cierta indiferencia.

Mientras seguían bajando, y después de haber recibido como respuesta a todas sus preguntas y curiosidades un vergonzoso silencio, el viejo le pidió la mascarilla al chaval mirándola embobado. “Vaya, tiene el mismo color que las hojas del árbol que había detrás de mi casa” comentó.

El niño no entendía lo que decía, su madre, en cambio, levantó la vista mostrando una mirada comprensiva con las palabras de el viejo. Sabes-siguió hablando el anciano- hace ya muchos años, cuando tenia tu edad desde la ventana de mi casa me gustaba mirar el horizonte y podía ver montones árboles, podía ver su intenso color verde, como este de tu mascarilla, ese era un verde que guardaba un aroma que podías percibir mientras flotaba navegando en brazos de la traste brisa del este, el horizonte se mostraba presumido invitandote a mirarlo, en él podias ver como el sol nacía y moría, ... en aqellos tiempos la gente salida al campo a pasear, a comer en grupo, iban a las fiestas y las romerías, antes corría con mis amigos a buscar moras y cerezas por los caminos y jugábamos por en las fincas,.... pero eso era antes cuando yo era como tú ....
El ascensor termino su recorrido justo cuando el señor Paco el devolvía la mascarilla al niño. Dejando salir primeramente a la señora y a su hijo del ascensor agarro su bastón y comenzó su caminar hacia la puerta. Al alcanzar esta, salió y miró hacia la calle, vio como sus acompañantes caminaban agarrados de la mano por una calle gris cubierta por un denso humo, una calle llena de coches y de ruido, una sucia calle apenas calentada e iluminada por un maltratado sol.

Allí, puesto de pie recordó cuando era mucho mas joven, rememoró aquello veranos, cuando el fuego lo devoraba todo, cuando ardían los árboles y los montes, incluso las casas, cuando la gasolina subía de precio y las ventas de coches no bajaban, cuando el agua escaseaba y la que había se encontraba sucia y estancada, cuando los peces morían en las riberas de los ríos al paso por los pueblos, cuando los veranos y los inviernos no se diferenciaban, cuando la gente ya no era capaz de querer comprender lo que tenia frente a sus ojos ni la voluntad de cambiarlo, recordaba otros tiempos y otra tierra...... y recordaba la mascara verde de su joven vecino y de si realmente se la merecia.




La calle que baja hasta la playa se encontraba desierta a aquellas horas. La gente estaba cenando en sus casas o en los restaurantes que había frente al mar. Eran cerca de las once, era lo suficiente tarde como para que la noche se dejase sentir a través de su oscuridad, de su particular silencio, de la brisa que venia del mar, del color amarillo de las farolas,… pero no lo suficiente como para empezar a ver el peregrinar de los chicos, por esa misma calle, hacia los jardines que se sitúan justo detrás de la playa a celebrar su particular eucaristía a base de un barato botellón.

Seguí caminando y recorriendo los cerca de doscientos metros que me separaban de la playa pensando en la cantidad de cosas que uno puede ver, que uno puede oír, que uno puede sentir si nos parásemos un ratito en mirar, en escuchar, en dejarse tocar por todo lo que nos rodea. Mi intención no era otra que fotografiar una creciente luna que se situaba justo encima de la ría, justo encima del bellísimo resplandor que su luz proyectaba sobre las tranquilas aguas.

Cuando llegué, me adentre entre las sombras de unos árboles que hacían aun mas oscura la noche para comenzar a preparar la cámara y el trípode, buscando jugar con los tiempos de exposición y apertura para lograr una buena toma. Tire una docena de fotografías a esa luna y a ese mar, pero también a los edificios que se situaban a mi espalda, a los árboles,….Lo curioso es que según iba haciendo las fotos iba viendo el resultado en el visor de la cámara y pude observar que hasta en la mas negras de las oscuridades se pueden encontrar sombras y luces…Me quede pensando un buen rato sentado en aquel césped, debajo de aquellos árboles y mirando hacia el mar y hacia el bellísimo resplandor de la luna.

Pensaba en sombras y pensaba en luces,….





Ha llovido y los días se han vuelto grises y nublados. Es una buena noticia pues nuestros montes, y nuestros corazones, arden y nuestros embalses, y nuestros labios, sufren la falta de un agua cada vez mas escasa, cada vez mas añorada. Los días de calor y sol ha dejado paso a unos días de sosiego, de morriña, de tranquila espera ...unos días más acorde con el alma gallega.

Mientras anochecía, hace unos días, estuve un buen rato entre las sombras y el olor añejo de un viejo portal por donde se entraba y salía de un burgués edificio venido a menos. Estuve ensimismado viendo como llovía. Me resultaba imposible salir y volver a casa por la gran cantidad de agua que justo caía en ese momento. Allí mirando hacia fuera, a través de una gran puerta de madera admiraba las gotas de agua golpeando la calle, corriendo por las hojas de los árboles, ...veía como algunos transeúntes se apresuraban intentando no mojarse mucho, saboreaba el resplandor de las farolas que proyectaban un especial fulgor, un especial encanto,...oía las gotas de agua caer y golpear los adoquines, sentía el silencio que las acompañaba y la quietud de la ciudad y de sus gentes,...

Me alegro de la llegada de ese agua, me alegro de este clima, me alegro que no haya cambiado aun lo suficiente para tener que prescindir de estos “tristes días de lluvia” hermana de esta tierra y de sus gentes



Hace unos días en el suplemento “El Semanal” aparecía una entrevista realizada por la periodista Cristina Carrillo de Albornoz a Bono, el cantante y líder de los U2. En dicha entrevista Bono responde a las preguntas de la periodista en cuanto a su actual situación personal y profesional, a cuales son sus preferencias, sus relaciones con el resto del grupo, sus proyectos, etc. Pero donde hace hincapié la periodista, y el propio Bono, a lo largo de la entrevista es en el compromiso de este, en su lucha contra las miserias, las injusticias y la pobreza del mundo y muy especialmente con las que diariamente ocurren en Africa y con Africa. Una prueba de ello es tanto la implicación personal de Bono como a través de la fundación DATA (Debt-Aids-Trade-Africa) la cual creó en el 2000 a raíz del impacto que le causó una de sus acostumbradas visitas al continente africano

Bono responde a las preguntas denotando desde un principio el compromiso decidido con todo lo que hace, nos habla de su grupo, de sus orígenes y se su actual evolución, habla de su música, pero se pone “más serio”cuando rememora una serie de recuerdos que le hicieron implicarse en los proyectos humanitarios que actualmente “lidera”, relata lo que supone su profesión y como esta le ayuda con esos mismos proyectos, rememora las entrevistas y reuniones que a lo largo de los días a tenido con altos dignatarios, con políticos, con gente de poder, etc. y las que tiene previsto realizar para lograr su mismo compromiso en la tramitación de medidas de ayuda a los países mas necesitados, para exigir la condonación de sus deudas, para lograr el inicio de procesos de legislación de políticas que desemboquen en un comercio más justo igual que acciones médicas y de ayuda a un desarrollo mas sostenible de todos esos pueblos y de toda esa gente en el continente africano, etc.

Sin embargo, existió una frase que me llamó realmente la atención, y no porque no me la haya planteado alguna que otra vez, presumo incluso de tener mi propia visión al respecto y que resulta ser radicalmente contraria a la expuesta por el cantante. El caso es que en un momento de la entrevista Bono confiesa que “…la naturaleza humana es mala y cruel, aunque a veces sea una autodefensa. Creo más en el mal. El mal no me sorprende. Lo espero. Ya no me choca nada de lo que ocurra en el mundo. Lo más sorprendente es la alegría. Quizá debería cambiar mi perspectiva del mundo”.
Debo reconocerle mucho razón de lo expuesto por él, mucho de lo que dice y lo que insinúa en sus respuestas y en sus palabras, además tiene una experiencia de la que yo carezco y supongo que no le permitirá llegar a otra conclusión que la de tener una percepción pesimista del hombre, del mundo, aun a pesar de la cantidad de dinero que tiene y que le valdría para comprar millones de “gafas” que le dejasen ver solo lo maravilloso y lo bonito que nuestro mundo posee. De todos modos pienso que lo realmente perverso lo realmente malo y cruel es el grupo al que pertenecemos, los escasos valores y las pobres prioridades que nos enseñamos y nos marcamos.

Recuerdo que al leer esta parte de la entrevista, me vino a la memoria una imagen ocurrida durante mi visita a Mallorca. Recuerdo como dos niños jugaban al balón totalmente ajenos de donde son, de cómo eran, del color de su piel, de quien era el balón, de si uno era hijo de unos solventes turistas hospedados en un buen hotel y con un buen coche de alquiler en la puerta para poder ir y venir y el otro era hijo de una chica que se dedica a realizar trenzas multicolores a las puertas de ese y otros muchos hoteles. Yo creo, con una testaruda firmeza, en los buenos corazones de esos dos críos, lo que si también creo es que en algún momento de su crecimiento algo que no esta bien hace que la próxima vez que cualquiera de los dos vaya a jugar a la pelota con alguien, deje claro que no habrá ningún problema, o sí, siempre y cuando no haya dudas de que el balón es suyo y que solo jugara cuando el quiera y hasta que el quiera



Hoy toca un poquito de actualidad fotografica, como la que presenta el festival Notodofotofest.com . Este está regido por un caracter claramente documental y pretende mediante series de 3 fotografias reflejar el actual mundo que nos ha tocado vivir. En su momento, y con cierta soberbia, presenté mi trabajo siendo rechazado por el jurado. Esta claro y despues de ver y admirar las fotografias presentadas, algunas de gente conocida, que a mi me toca seguir aprendiendo. Bueno pues nada "despacito y buena letra"





....le mire el pecho y de su escote salían cinco o seis indefinidas protuberancias de colores rojo, amarillo, azul, .....Recorrí con la mirada su cuerpo encontrándome con el semblante de una horripilante mujer. A partir de ese momento abrí aun mas los ojos esperando centrar la vista, intentando convencerme de lo que estaba viendo no era real, pero fue imposible. Por la playa, comenzaron a deambulabar hombres y mujeres, niños y ancianos,...todos me miraban con sus raras caras, todos ellos no eran como cinco minutos atrás los había visto, todos ellos presentaban unos rasgos propios de las pinturas de Giuseppe Arcimboldo, de sus rostros confeccionados con frutas y verduras.

Un sudor frío me recorría la espalda, a pesar de la calida temperatura que había en la playa, y un suave hormigueo agarraba mis manos, unas manos ya formadas por dedos deformes y tintados de una extensa gama de colores como si fuesen las manos de un crío después de jugar con varios botes de pintura. Ella que caminada junto a mi y que noto mis reacciones, mi cara de sorpresa, mi silencio, un sospechoso silencio, actuó con prontitud, como otras muchas veces, yendo a buscar dulces, unos dulces que espantan a esos fantasmas que a veces me siguen, que a veces me rodean y que a veces me agarran y me poseen



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