En sus zapatillas lleva el nombre “Judas Thimshel" y ayer por la mañana, juntos, hicimos un precioso recorrido en bicicleta que nos llevo por caminos defendidos por árboles y que esconden cientos de unos insufribles mosquitos, por preciosos pueblos que se disponían a ir a misa, por minutos de sufrimiento subiendo algunas jodidas cuestas (él, el muy carbón, ni siquiera bajada del plato grande), por descensos con los brazos en cruz y los ojos cerrados para robar el frescor de un aire mientras nos imaginábamos ser los protagonistas de alguna película vista ya hace algunos años atrás. Disfruté junto a él del avance de una mañana de domingo, y después, de unos cafés, de unas conversaciones mas o menos transcendentales, pero siempre reconfortantes, sentí a un amigo y por eso desde aquí, permíteme agracederte que lo sigas siendo, ah! y también quería agradecerte que me dejes poner en este ascensor en el que subimos juntos a veces uno de tus increíbles reflexiones, una que a mi particularmente me revuelve de mi asiento cada vez que la leo por la “orgullosa mala ostia”, por la integridad, por la rebeldía, por lo bien escrita que está, por todo lo que muestra y todo lo que esconde.

¿Que quiere que le cuente señora?
¿De verdad quiere oírlo?
¿Voy a ganar algo por decirlo?
¿Va a solucionar mis problemas?
A usted le pagan por estos temas
y yo odio perder una hora.
¿Que quiere que le cuente señora?
No va arreglar mi vida,
no va a cambiar mi drama.
Ni quiero, ni voy a ser mejor persona....
Está bien, haré lo que me pida.
¿Por dónde quiere que comience la trama?
¿Empiezo por las colillas,
las que apagaba en mi espalda?
¿Los puñetazos en la cara,
las silenciosas palizas
sus pies en mis costillas?
Nunca fuí querido,
ya no digo deseado.
Eso pronto lo entendí
él se encargo desde pequeño
y créame que le puso empeño.
Mi madre callaba
y el golpeaba.
¿Y yo? Pues crecí con el daño.
En el oscuro silencio
de saberme mudo por mucho que gritara
encerrado en el baño.
¿Que quiere que le cuente señora?
Era pequeño para entenderlo
luego fuí grande para aguantarlo
y aquí llega usted
a preguntarme algo.
¿Como aguanté tanto tiempo
sin tener ganas de matarlo?
¿No se supone que ese era mi padre?
No busco respuestas
no quiero culpables.
No oso siquiera llegar a olvidarlo.
Solo deseo seguir adelante
sin guerras, sin trampas,
pasando por alto los gritos,
las luchas, los llantos,
la angustia, las marcas.
Me robaron mi infancia
quienes tenían que dármela.
Déjeme en paz ahora,
que no quiero seguir con esto.
Así que ...¿Que quiere que le cuente, señora?


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