Esta semana he subido y he bajado unas cuantas veces a distintos pisos del edificio. Por pura pereza, puesto que mejor me vendría subir la escaleras, he optado siempre por el ascensor. Este cacharro me ha llevado de un piso a otro con comodidad, con rapidez, pero también ha permitido que mis idas y venidas fuesen siempre con la compañía de algunos de mis vecinos. De entre todos los que conviven en mi comunidad, creo que esta semana me topado con la “crème de la crème”.

El lunes, un mal día sin duda, primero por ser la razón de uno de los tópicos más extendidos entre “nosotros la clase trabajadora” y después por ser el principio y como todo principio exige un plus de esfuerzo, de voluntad. Este día me tope con gente con la misma cara y los mismos ánimos que los que yo presentaba. Por el contrario, y sin animo de considerarme mejor que nadie, yo suelo guardarme los “doloresdehuevos” para mi, no suelo mostrarlos como si fuese la portada de una revista de moda que todo el mundo mira embobado. Resulta que ese día subí y baje varias veces con individuos y seres “sopladores” y exponedores de las mas variadas y múltiples desgracias y complicaciones que las horas y los días cargan sobre sus dobladas espaldas, espaldas sobre las que descansa su particular globo terráqueo como si fuesen el mítico Atlas. Me pone cada vez mas enfermo tener que escuchar interminables listas de problemas, de situaciones “irreversibles”, de lloros, de los increíbles esfuerzos que mas de uno tiene que hacer para llegar a buen fin lo que tienen entre manos, de hipocresías, de “peloteos”, de falta de dignidad, de falta de respecto por el hacer del que esta enfrente,.... De esta gente suelo escapar saliendo del ascensor tan pronto veo que ellos van a entrar, justificándome o apoyándome en mi mala memoria para mentirles, para contarles que me olvide de las llaves del coche, que hoy comienzo a subir por las escaleras, etc. Estos se conocen a simple vista por su “carita” de buena gente (no dudo de que lo sean), por sus maneras de ser maltratado por el destino, por su obsesión de estar diciendo lo mucho que hacen y lo mucho que se esfuerzan y no digo nada si hay alguien mirando y este alguien es del piso de arriba...

El martes, cuando bajaba hacia mi garaje, pues era el día que me tocaba engrasar y limpiar la bicicleta, me tope con mi vecino de enfrente, con el que comparto partidos y cervezas, risas y sal. Un buen tío, pero resulta que debe tener una ulcera que no trata con una oportuna visita al medico y le llevan a sacar conclusiones descabelladas a partir de razonamientos perfumados con el aroma del egoísmo. Durante la bajada me puso de muy mala ostia al principio, después me puse a pensar antes de preguntarle si no podía bajar caminando, que era muy bueno para la salud y para no tocar los cojones a los pobre pasajeros que solo aspiramos como mucho a hablar de la mierda del tiempo en el ascensor. Su reacción, no se si me gusto o no me gusto, fue de cierta candidez, de “buen rollito”, pues se puso , de buenas formas, a explicarme lo que minutos antes había dicho pero con otras palabras y de otras maneras. ¿Tendré cara de gilipollas?, el caso es que acepté sus pobres y poco consistentes palabras esperando llegar cuanto antes a mi bicicleta, a mi latas de aceite de engrasar y a mi trapito.

El miércoles, subí y baje. La verdad es que ese día no había muchos vecinos deambulando por el edificio por lo que me dediqué a preguntarme como es esto de la modernidad, que bonito es esto de estar unas plantas mas arriba o más abajo y lo curioso que resulta llegar a la azotea para ver claramente el horizonte y unos minutos después estar en el puto garaje, sin luz, manchándote las manos mientras levantas una sucia persiana que esconde tu orgulloso utilitario. Este día, de regreso del trabajo y cuando me dirigía a mi casa, se subió conmigo un chico de unos doce o trece años que cargaba unas repletas bolsas del supermercado. Sin duda, cumpliendo un encargo de sus padres. El niño se limito a decirme hola cuando entro en el ascensor para agachar la cabeza, mirando al suelo. Se le notaba una tranquilid timidez. Lo mire y le sonreí cuando salía y me decía un breve “adiós señor” sin levantar apenas la vista. Espero que en las bolsas que portaba no fuese nada que le sintiese mal.

El jueves, estuvo pegado en la puerta del ascensor un cartel que decía “FUERA DE SERVICIO”.. Supongo que se refería al ascensor puesto que también se podía referir a alguno de los inquilinos, incluyéndome por supuesto. Durante todo el día mis paseos por las escalera dio lugar a encuentros con sofocados “atletas” cuyos esfuerzos por avanzar les impedían el comenzar conversaciones vacías, preguntas cotillas o malintencionadas insinuaciones. También puede comprobar como unos vecinos subían y bajaban para hacer recados a otros, todo ello desde una óptica de "buena amistad", o no sería por ganar puntos, por miedo, por falta de carácter, ... bueno me quedaré con la duda de si ese ir y venir no sería una penitencia para purgar las faltas de los malos vecinos o un premio para los menos malos. Cuando vea al presidente se lo tendré que preguntar.

Hoy ya vuelve a funcionar nuestro ascensor igual que hace un par de días. En el seguirán ascendiendo las mentiras, las hipocresías, las tonterías, las falsedades, los miedos y seguirán bajando los valores, la inocencia, la tolerancia, la entereza,... o no?. Bueno creo que pronto llegaran nuevos vecinos, y ya veré



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