Llegamos esa mañana de Londres. Habíamos estado una semanita empapándonos del ambiente “britisht” de esa ciudad. La entrada al portal resulto un poco desalentador sobre todo por lo oscuro que estaba, y es que el cabrón del vecino del tercero seguía con su puta manía de apagar la luz para, de esta manera, “reducir la factura de Fenosa”. Subimos al ascensor. Justo cuando la puerta estaba a punto de cerrarse una mano lo impidió. Era “otro” vecino que dándonos las buenas noches se metió dentro haciendo más reducido y claustrofóbico el habitáculo. Íbamos nosotros dos, las maletas y el nuevo inquilino con su filantrópico optimismo. Nuestro acompañante no era mal tío, pero tenia la costumbre de hablar mostrando siempre, siempre, una sonrisita. Una costumbre que es difícil de quitar, si no te vacunas antes con algún que otro libro, y lo digo por lo de hablar, para quitar la sonrisita estúpida hay otras cosas. En el lento trayecto de subida nos puso al tanto de la vida social e institucional de la comunidad Resulta que el presidente, el “señorito presidente” como él lo llamaba, había entablado una especial amistad con los vecinos de la quinta planta y habían pensado y comunicado, en una reunión extraordinaria de propietarios, la conveniencia de redactar una serie de estatutos nuevos donde se garanticen mucho mejor los derechos de todos nosotros. Según me comentaba nuestro corresponsal, su idea era la de lograr unas normativas que nos pusieran en primera línea de las comunidades de vecinos. Aspiraba a lograr una reducción del consumo energético eléctrico instalando unas placas solares en la cubierta, incluso se podría estudiar, seguía contando nuestro acompañante, en la posibilidad de instalar unos molinos. Con ello lograríamos la independencia energética e incluso podíamos vender los kilowatios que nos sobrasen. Además a nivel “social” pretendía crear unas comisiones íntervecinales para estudiar las problemáticas de cada vivienda, la mejora del nivel de vida de los inquilinos. Comentó que quería crear una especie de guarderías, ubicadas en la buhardilla o en algún piso que no estuviese habitado, donde se podría cuidar a los niños de todos los propietarios y permitir un cierto desahogo a los padres. Habló, incluso de una reducción en la cuota de la comunidad, para beneficiar el esfuerzo improbó de aquellos que han decidido ser padres y traer esa alegría a nuestras casas. Seguía con su crónica cuando llegamos a su piso. Lamentando no poder ponernos al día de la nueva situación de la comunidad nos informó que mirásemos en nuestro buzón pues encontraríamos una carta de la presidencia donde se nos informaba de eso y de alguna media más a desarrollar. Nos despedimos y seguimos subiendo Llegamos a nuestro piso. Cuando salimos, esperando el ascensor estaba Pepe. Dándonos la bienvenida, se ofreció, sin que para nada se lo hubiésemos pedido, a ayudarnos con el equipaje. Bueno el caso, es que hecho mano a parte de nuestras maletas y se metió con nosotros en casa. Nos dijo que tal nos habían ido los días que estuvimos en Londres, y que él había estado con su señora en Monforte. Que ese si que era un sitio para visitar y conocer, aunque pareciese mentira. Yo asentí. Me comentó, con toda una confianza que desde luego yo no recuerdo haberle dado, que su señora decía que había que conocer lo nuestro antes de aventurarse a conocer y ver otras cosas que nos quedan más lejos, “no te lo tomes a mal, meu”, me decía el tío. “Pero es que tiene razón, aparte es que nosotros no podemos irnos a esos pueblos, quiero decir a Londres, como hacéis vosotros, pues los niños, ya sabes, y el trabajo. Es que nos sabes como está el trabajo, y es que si falto yo aquello no funciona, que te digo que no funciona que son todos unos inútiles”. Le dije que haber si quedábamos mejor un día y nos tomábamos unas cervezas y hablábamos de Londres, bueno y de Monforte. Se marchó y yo mire hacia la jodida bombilla del pasillo que seguía fundida como cuando nos fuimos de viaje, y el tío listo del presidente hablando de montar “centrales solares y eólicas”, joder. Nos ponemos a deshacer el equipaje. Ponemos la radio y escuchamos que hablan de que nos van a regalar 2.500,00 euros, que mueren unos niños colombianos vestidos de soldados españoles en una guerra que esta en proceso de paz o una paz que mas parece una guerra, que unos turistas que los matan por tener lo “poca vergüenza” de pisar tierras santas con sus impíos pies, que la luz subo o baja, no oí muy bien esa noticia, que si ahora el catecismo será socialista o que los socialistas llevaran catecismo, que los diputados están hechos unos haraganes, que es estado de la nación esta un poco pasado de cocción y que nos se sabe si habra dios que lo coma,..... Nada, que pongo música y escucho al Cigala “.................mira como me tiene apenao, mira como me tiene apenao, mira corazón no me llores,.................” Lamento no haberme quedado un poquito mas en tierras británicas, y es que, sin tener ni idea de inglés, me entendía perfectamente con ellos. Ellos a lo suyo y yo a lo mío.



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