La ultima semana del pasado mes de julio mi mujer y yo coginos un avión y nos dirigimos hacia La Habana. Hacia ya unos años que queríamos visitar esta isla, y especialmente su capital antes de que sufra un cambio que creo resulta inevitable y más aun si consideramos la enfermedad de Fidel y que tuvo sus momentos más críticos poco después de nuestro regreso a España.

Nos encontramos con un lugar que para nada nos defraudó y que nos impactó tanto en el sentido bueno de la palabra, como en el sentido malo. Allí, mientras nos movíamos por sus calles, entre la gente, visitando los sitios mas conocidos y los mas intranscendentes a nivel turístico, pudimos disfrutar de una ciudad realmente bella, increíblemente bella, de unas gentes, a pesar de todo, felices y optimistas, unas gentes con un sentido y un gusto musical alucinante, vimos gente joven, mucha, que ayuda a creer que el futuro de Cuba puede ser mejor de lo que es, pero también vimos muchas carencias, mucha pobreza, ...

Estuvimos tres días en la Habana visitando la Habana Vieja, el Vedado, ... estuvimos en la Catedral y en su plaza, en el Capitolio, caminamos por la calle del Obispo, tomamos los famosos mojitos de la Bodeguita del Medio, escuchamos sones cubanos y paseamos por el Malecón con sol y con lluvia, vimos la Torre de Morro y soñamos cada vez que veíamos circular sus viejos “cacharros de colores”.

También estuvimos en Varadero cuatro días como dos turistas “turistas”, tomando el sol en sus playas, fuimos hasta Bahía Cochinos y nos movimos por la provincia de Matanzas.

Vimos muchas cosas que nos gustaron y dejamos de ver otras muchas que seguro también nos gustarían. Pues nada, tendremos que volver
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