Para mi, sin duda alguna, es el disco del año (aunque se haya publicado en el 2011). No me canso de escucharlo y me emociona, me destroza, me divierte, me arranca los oídos y me presiona el alma, me pone la piel de galliña,... buff

Adoro a este tipo, lo adoró.


Transcribo a continuación la critica realizada por Victor R. Villar en www.hipersonica.com

A Tom Waits le da igual lo que digan de su música, le importa muy poco dejar a los fans sin un disco nuevo siete largos años y puede permitirse, el estatus de artista de culto es lo que tiene, hacer lo que le venga en gana. Y ahora lo ha vuelto a hacer casi sin despeinarse.

En Bad as me toma un camino contrario a lo que logró en aquella barbaridad titulada Real Gone (Anti, 2004) y se aproxima a los terrenos del rock & roll arrastrado y el blues añejo que ya nos regaló en discos como Mule Variations (Anti, 1999), aunque sin llegar a la excelencia de aquella obra maestra.

Bad as me, un Waits que no se ha dormido en los laureles

El vejete Waits sigue haciendo canciones impregnadas de aroma sureño que uno imagina escuchar mientras el disco comienza a sonar en el bar de un barco que recorre el Mississippi o en un tugurio en una encrucijada de caminos, donde el tabaco y el alcohol corren como si se fuera a acabar el mundo.

Y la voz de Tom Waits, que cada vez es más demonio, más el esbirro de Drácula de Coppola, se rodea de sus habituales colaboradores: Larry Taylor, Marc Ribot, Casey Waits, Charlie Musselwhite…, y ha invitado a Keith Richards y a Flea a compartir este convite que desde que lo escuché por primera vez aposté a que estaría en nuestra lista de mejores discos internacionales. Y ocupó el puesto 29

El de Pomona no sorprende pero tampoco nadie se lo puede pedir a estas alturas. El caso es que como las grandes bodegas se me antoja pensar que Waits no se ha dormido en los laureles y que ha querido estar a la altura de su marca registrada. De Bad as me el propio artista ha dicho:

“Siempre he buscado un guía en Howlin’ Wolf y su manera de cantar y probablemente siempre lo haré. Tiene esa voz extraterrenal, que debería estar en alguna capsula del tiempo en algún sitio. Cuando eres un crío y buscas tu propia voz, es impactantes hoy a alguien como Howlin’ Wolf, porque sabes que nunca conseguirás algo semejante. Puedes estar gritando en una almohada un año y nunca tendrás nada así.”

Que abra el disco con ‘Chicago’ y que después nos encontramos con ‘Raised Right Men’, con ese aroma a clásicos suyos contenidos en Swordfishtrombones o Rain Dogs. Los vientos-metales alucinados de la primera, donde aparece el tío Keith, y los teclados infecciosos de la segunda, con Flea, no lo olvidemos al bajo, dejan claro de ante quien estamos.


‘Talking at The Same Time’ y esos efluvios de cabaret jazz alegrarían la cara hasta un muerto. Waits canta en falsete y se me antoja próxima a ‘Way Down in The Hole’. Para mí de los mejores momentos de esta entrega.

En ‘Get Lost’ cambia el chip y se va hacia el rock & roll añejo y turbio, pero el cantante es un mago de la balada: ‘Face to The Highway’, en la que parece estar arropado por una banda de jazz en la que la guitarra de Marc Ribot suena majestuosa.

Tambien balada, pero en territorios próximos a los que habita Micah P. Hinson, con quien Waits comparte aquí tesitura vocal, es ‘Pay me’. Sin embargo ‘Back in The Crowd’ parece una revisión del Elvis más tierno y fronterizo pasada por su tamiz, preciosa como la anterior.

‘Last Leaf’ recupera al Tom Waits doliente, un dueto con Keith Richards con el que apetece echar la lagrimilla; mientras, ‘New Year’s Eve’ es todo un vals guiado por un acordeón nocturno para cerrar esta selección enorme.

Nos dejábamos atrás ‘Bad as me’, una salmodia soul con efluvios de blues cautivador, ‘Kiss me’y esos aires de jazz casi improvisado, ese Waits rugiente y vacilón de ‘Satisfied’, o esa apisonadora marcial que es ‘Hell Broke Luce’, acaso un alegato antibélico. Si has quedado convencido con lo que te hemos contado te recomendamos hacerte con la edición especial en digibook, que mola más y tiene tres temas extras.




Tracklist de Bad as me de Tom Waits

1. Chicago
2. Raised Right Men
3. Talking At the Same Time
4. Get Lost
5. Face to the Highway
6. Pay Me
7. Back In the Crowd
8. Bad As Me
9. Kiss Me
10. Satisfied
11. Last Leaf
12. Hell Broke Luce
13. New Year’s Eve


Escribía Carlos Herrera en XLSemanal sobre Salinger y sobre mi admirado Tom Waits. Me permito reproducirlo aqui pues lo expresado por Carlos Herrera se asemeja prácticamente a lo que yo pienso de este músico americano desde hace ya unos cuantos años. Desde cuando con 18 años el bajista de una conocida banda me lo dio a conocer. 

"El guardián entre el centeno es un libro, en principio, tan difícil como cualquier disco de Tom Waits, la Coz Cantante. Entre Salinger y el autor del sublime On the nickel existen las mismas coincidencias que suelen darse entre los creadores geniales, ariscos y un tanto huidizos, que emocionan a un nutrido grupo de humanos tanto por su capacidad conmovedora como por la leyenda que los acompaña, hecha a base de rarezas y misterio. Ambos han desarrollado esa estética huraña que tanto fascina a los creadores de mitos –que somos la mayoría– y que hace que sus obras adquieran un resplandor especial, fascinante. Waits, el tóxico cantante californiano, afirmó certeramente: «Asegúrate de que la demanda sea mayor que tu oferta, ya que el público es un animal insaciable y no conviene alimentarlo demasiado». Es una máxima sabia de la que deberían tomar nota muchos artistas sobreexpuestos. Reconozco que no pude con El guardián entre el centeno, de Salinger: tal vez fuera el momento o el poco entrenamiento, pero lo abandoné una tarde que llovía. Escúpanme sus devotos sin recatarse. Con algunos discos de Tom Waits me ha pasado algo parecido; sin embargo, aquellos que han llegado a estremecerme lo han hecho como pocos, véanse los de los años ochenta, Rain dogs o Franks wild years. Waits tiene voz de marinero borracho, de apestoso surrealista, de solitario incorregible, de maldito empedernido, de Dylan estropeado por el alcohol, de Springsteen amargado por el éxito de callejones y tugurios. Pero es una voz de culto, un bluesman, un beatman tan impenetrable como hostil, un rockero extraño como la misma vida que retrata. Barney Hoskyns ha escrito, supongo que como ha podido, una biografía de este tipo californiano de sonido tan sucio como tierno, tan sarcástico como sencillo, tan amigo de las parábolas como de los silencios.
No es fácil escribir sobre Waits, como no lo era escribir sobre Salinger. La diferencia estriba en que el primero sigue actuando y recluyéndose después como un eremita y que el segundo se recluyó como un eremita y no se sabe si volvió a escribir más que lo escasamente publicado. Pero en ambos se percibe una aureola de escapistas, de genios encerrados en silencios. Escuchar a Tom Waits por primera vez es como no haber bebido jamás y cargarse de golpe una botella de Tennesse, es como no haber leído jamás y toparse con el libro que ha hecho de Salinger un mito moderno y anciano, es asomarse a un mundo desconocido, imposible, a una soledad húmeda y borracha, vagabunda y gruñona. Suele decir que la música de los Eagles es tan excitante como ver secarse la pintura, y no puede haber más mala baba en una sola frase. De hecho, en la biografía en absoluto autorizada se describen muchas de sus apreciaciones por todo lo que se mueve a su alrededor, que van de su amor por Bukowski, Kierkegaard y Burroughs a su desprecio por las agencias de publicidad que han querido utilizar sus canciones como música de spots comerciales: a estas últimas las ha perseguido judicialmente incluso por utilizar melodías semejantes a las suyas, interpretadas por imitadores. Y las ha ganado.
Waits es capaz de lo sublime y también de lo peor que se puede escuchar, pero si tienen tiempo este fin de semana compren en iTunes Store –no llega al euro por canción– algunas de las cumbres de este salvaje: Jersey girl, Georgia Lee, Foreing affair, Tom Trauberts blues –recreación del himno oficioso de los australianos Waltzing Matilda— o el imposible The piano has been drinking, not me, donde comprenderán que quien bebió es el piano, no el intérprete que, en contra de lo que se cree, no quedó con esa voz por culpa del Jack Daniels, sino por un inoportuno catarro que le dio, curiosamente, la vida.

Cualquier tarde lluviosa, cualquier noche de desengaño, Waits les sumirá en la oscuridad más brillante posible. Reconozco que es de los pocos artistas que me ha hecho llorar. Y, desde luego, el único que me ha hecho, en poco espacio de tiempo, llorar y vomitar."



oscuroabismo. Con la tecnología de Blogger.