«Tonto, muerto, bastardo e invisible» é unha novela que, con lucidez e unha feroz crítica social, explora as contradicións da condición humana e da sociedade contemporánea. Nel, Juan José Millás preséntanos a un home que, ao perder o seu traballo como alto executivo, decide reinventarse nun mundo onde a imaxinación é o seu único refuxio. O protagonista disólvese nunha sucesión de identidades (o tonto, o morto, o bastardo e o invisible), atravesando unha trama de surrealismo e absurdo que reflicte a deshumanización dun sistema que premia a mediocridade.

A través da parodia e o sarcasmo, Millás expón as contradicións da sociedade. Critica a sociedade, a hipocrisía, a mediocridade, a política, especialmente aos socialdemócratas, que segundo o protagonista, “se caracteriza por ser a única filosofía da vida que permite facer o contrario do que predica en nome do que predica”, é unha ironía que amosa o absurdo do discurso fronte á realidade. Esta reflexión parece cobrar unha sorprendente relevancia nos tempos actuais, a raíz das recentes declaracións de Aldama e da actuación de Sánchez e o seu goberno.

O humor negro e a introspección son esenciais nesta novela, onde as relacións familiares e as emocións humanas explóranse nun ton irónico. A través da súa esposa, un médico forense, e o seu fillo, cuxo heroe é o enigmático Olegario, Millás cuestiona as motivacións e o sentido das relacións persoais. Os momentos de baixa autoestima e de altiveza amosan as contradicións internas do protagonista, mentres se enfronta a unha existencia vacía e desconectada.

Os personaxes e elementos fantásticos, como a boneca china que non o é e quere ir a Dinamarca, a bruxa, “Luis, o huelemierda”, reforzan a atmósfera surrealista da novela, onde nada é o que parece. Estes elementos convértense en símbolos dunha realidade distorsionada que reflicte as debilidades e frustracións do ser humano.

A novela é un exemplo claro do talento único de Millás para crear historias que non só entretementen, senón que provocan unha reflexión profunda sobre a natureza da nosa existencia.
Un libro curioso. Un bo libro. Un libro de Millás.


Veo estos dias, con cierta perplejidad, como alguna gente acaba siendo victima de sus malas deciciones y de su poca inteligencia. Y no me estoy refiriendo a decisiones con consecuencias a largo plazo, ni aquellas otras que te hacen girar la cabeza y abrir la boca por su llamativa aparición. No, esas suelen costar mucha pasta a quien va tomarla, por lo que suelen sopesarse con mas detenimiento . No, pienso más bien en aquellas pequeñas cositas que todos los dias van marcando el camino que seguimos, que hacemos. Me refiero a sencillas muestras de sentido común, o a su ausencia, a la hora de tratar con uno mismo y con los demás, de abordar lo que uno hace, de valorar lo que uno tiene... El tema es que creo que si esas pequeñas cuestiones no se resuelven como es debido, si uno toma, consciente o inconscientemente, las deciciones equivocadas pues tenemos todas las posibilidades de llegar asituaciones criticas, a situaciones de fracaso, a un punto sin retorno.

Como vengo diciendo, no estoy pensando en grandes empresas ni en grandes planes, ni en grandes decisiones que, como todo en esta vida, pueden resultar fallidas por multitud de cuestiones. Algunas ajenas a nuestro control, otras no. Mi perplejidad aparece cuando se falla en aquellas pequeñas cositas que a lo largo de la vida uno va haciendo y que van definiendo el perfil de una persona y le van dando forma de cara a los demas. Esas cosas si que las podemos controlar, solo es preciso querer. Pienso en aquel dia en que uno prometio invitarte a un café por haberle resulto un pequeño problema y el café nunca llegó, pienso en aquello instantes en que se invocó una cierta relacion de amistad para poder alcanzar un final feliz y cuando este llegó tu no estabas invitado a la fiesta, pienso en las distintas maneras de medir la entrega, la lealtad, el esfuerzo,...
Estas pequeñas grandes cuestiones que uno va viendo y sintiendo en su trato con los demás hacen que las relaciones entre personas se construya de uno manera u otra. A nivel profesional me estoy encontrado con algo parecido. Cuando ocurre lo que ocurre, cuando las cosas son de uno color grisaceo, casi negro, y encima sientes que tras de ti no hay el más minimo interes por seguir tirando y seguir mejorando, cuando se confunde la inversion con el gasto, cuando aquellos que les toca no tienen las narices decir las cosas como son, .... pues resulta que el tema no puede tener otro final que no sea un mal final.

Resulta triste ver como la desilusion y la rabia buscan una salida, dejando tras de si un vacio que quizás no deberia existir si se tuviese algo de prevision, algo menos de orgullo y un poquito más de inteligencia.



Hace unos días se planteó en un programa de televisión una serie de preguntas sobre la organización del España como estado. La intención de la encuesta, más que demostrar el nivel de conocimiento que los españole tienen de su país, era obtener unos minutos humor y lograr la risa a costa de las más peregrinas respuestas de los encuestados. Se plantearon preguntas tales como cuantas comunidades autónomas existen en España, cual es el Jefe de Estado, a que comunidad pertenecen Ceuta y Melilla, cuales fueron los presidentes desde la restauración de la democracia hasta hoy, …. Todas ellas es lo que se puede definir como preguntas de “cultura general”. Aun siendo muy consciente de que los responsables del programa seguro que optaron por seleccionar aquellas respuestas más llamativas, más “descacharrantes”, más extravagantes, resultó muy evidente y claro el bajo nivel cultural de nuestra sociedad.

A la vista quedó que la gente no sabe como nos organizamos como país, como estado, como sociedad, no sabe hasta donde llegan las competencias de una y de otra administración (o sus incompetencias), no conocen la historia más reciente, el tema de los poderes en que se divide el estado suena a “música china”, incluso lo derechos y los deberes que tenemos…Todo ello se traduce en una falta de preparación para poder opinar de cómo es nuestra casa, de cómo hay que amueblarla, cómo hay que vivir en ella compartiéndola con los demás, a quien hay que elegir como “gerente”, etc.

No teniendo presente la pesada losa que resulta el pésimo sistema educativo que nos asiste y que hace que el nivel formativo, educativo y cognitivo de nuestros niños resulte ampliamente mejorable, si me resulta un poco intolerable la falta de disposición de muchas personas por no mejorar su nivel de conocimiento y formación. Me desagrada sobre manera como existen personas que, incluso, alardeen de su ignorancia y rechacen las oportunidades que hoy existen para mejorar, para saber, para educarse. Esto es lo mismo que cuando siendo niño y nos entregaban las notas, había unos cuantos, los que más suspendían, que más se hacían notar, más levantaban la voz, y más presumían pues eso era una clara señal de rebeldía, de lucha contra el sistema. Los demás eran unos “empollones” o simplemente unos “atontados”. Esto todavía se lleva, solo hay que escuchar los que muchos cuentan, sólo hay que ver la televisión.

Lo que a veces me pregunto es como existe gente, y yo conozco unos cuantos, que hablan y actúan, basando sus teorías en no se sabe que base. Siempre fue más fácil hablar que pensar, eso está claro.
Existe un dogma ampliamente aceptado socialmente, el cual dice “que todos somos iguales”. Este frase que se plantea y debe ser aceptada (con ciertas reservas) cuando se trata de la aplicación de de la ley, cuando se considera en cuestiones tan básicas como la vida, la libertad, las creencias,…. me parece una frase que viene a tapar y a justificar cuestiones que no se lo merecen. No todos somos iguales cuando los esfuerzos nos son compartidos, cuando las actitudes varían, cuando las ansias por avanzar y mejorar no son las mismas.

Me parece injusto las leyes de igualdad basadas en el sexo (o en el color de ojos o a que equipo de futbol sigues,), los selecciones basadas únicamente y exclusivamente en porcentajes, las normas que siguen tópicos, etc.

Considerando esta dos cuestiones: la falta de conocimiento y formación de la gente y los estúpidos criterios sobre los que se debe basar un “buen y justo” funcionamiento social pues llegamos a lo que llegamos: Personas que no saben elegir, votando y apoyando a otros no saben dirigir. En esas estamos y así nos va.

Lo peor quizás es que cada vez puede que haya mas estúpidos eligiendo y mas inútiles, sinvergüenzas y ladrones dirigiendo


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