Estábamos con la cuarta o quinta gran tormenta de los últimos días. En los informativos la etiquetaban como "ciclogénesis explosiva". El caso es que tenía que asistir a Santiago de Compostela para una reunión importante según lo que me dijo la gerente del clúster. En el orden del día se planteaban varios temas como la ampliación del ámbito de actuación territorial y la cobertura, dentro del clúster, de otros ámbitos de negocio. Estupideces que me hacian recordar lo que oía en el pueblo de mis abuelos  cuando era un crió "el que mucho abraza poco aprieta"

Bueno, el caso es que llovía con ganas y junto con las fuertes ráfagas de viento, el recorrido por la autopista no podía ser de lo más desagradable. Y si a eso se le sumaba el hecho de la dichosas llaves que me traían loco desde el medio día, peor aún. Había perdido mis llaves, todas las llaves. Solía portar un pesado y exagerado manojo de llaves: las llaves de casa, las del portal, las del garaje, las de la oficina, las del portón de la nave e incluso alguna más que creó que en mi vida utilice. Y lo que me jodia, aparte de no encontrarlas, o perderlas según las versiones, era como había podido ser que esto ocurriese

Seguía yendo por la autopista mientras la lluvia era cada ve más intensa y mi cabeza está más pendiente en recordar el día y lo que habia hecho y donde había ido que de conducir. Buscaba el momento y el lugar donde podían estar mis putas llaves.

Como todos los días me desperté a las siete y media de la mañana. Se oía llover en la calle. Ese día, después de afeitarme y ducharme, había desayunado en casa. Salí a las ocho y cuarto, con las llaves, y baje a la primera planta del garaje donde tengo el coche. Mi plaza de garaje está cerrada, cerrada con persiana con llave. Siguiendo con la secuencia de los hechos, abrí la persiana para sacar el coche, depositando en el asiento trasero el chaquetón y el bolso donde llevo papeles de la empresa. Cerré la persiana y le día al pulsador que abre la puerta que me permitió salir a la calle.

Has hace cuatro días, donde ahora esta ese pulsador, antes había una cerradura la cual mediante una llave, otra de las que iban en mi llavero, abría la puerta.

Salí para la empresa sita en el polígono sin pararme en ningún lugar. Cuando llegue estaba abierto el portón de la zona donde entran y salen las mercancías, por donde y entran los vehículos. Por ese motivo y aprovechando que estaba abierto accedí por allí en vez de por la entrada principal, que es por donde habitualmente lo hago. La única manera de acceder por este lugar es que te abran desde el interior o con llave. Otra de las que perdí.

Indicar que suelo llevar el "pesado llavero", ahora mismo "el pesado y perdido llavero" junto con otro donde únicamente cuelga la llave del coche.

Estuve toda la mañana en la oficina colgado del teléfono y con papeles. El único momento que salí de allí fue con un compañero a tomar café. Cuando bajábamos por la escalera recordé que iba sin llave. Le dije que me esperase en el coche que subía a por ellas a lo que me contesto que no me preocupase que las llevaba él. Tomamos un café rápido para volver a meter la cabeza entre papeles.

Tengo la costumbre de dejar las llaves y los dos móviles encima de mi mesa. También tengo la costumbre, sobre todo los teléfonos, y también las llaves aunque menos, de cambiar su posición según me vayan o no molestando. El caso es que no recuerdo especialmente el que mis llaves me estorbasen cosa que sí me paso con los teléfonos.

Estuve, como vengo contando, moviendo papeles con cierto estrés hasta las doce y diez. Esa fue, minuto arriba, minuto abajo, cuando salí de la oficina pues tenía cita en el médico a las doce. Ya se que era tarde, pero ya daba por descontado un cierto retraso en el centro de salud. 

Salí, como suele ser costumbre en mi, con todo en las manos: el chaquetón, la cartera, los móviles, las llaves,... Al menos, pensándolo ahora, las del coche. Además portaba una caja para dejar a un cliente de camino a la reunión de la tarde. Está la metí en el maletero. Cuando quise abrir este se me cayeron las llaves al suelo. Las recogí, carge todo, me subí y salí disparado hacia el médico.

No tarde en llegar. Aparqué justo delante y me bajé. Llegue con media hora de retraso y, tal como había calculado, tan pronto me senté en la sala de espera, a los tres minutos, me llamaron. Tres cuartos de hora después salí en dirección hacia mi casa no sin antes detenerme en la casa de mis padres a saludarlos. También en este caso bajé con las llaves del coche nada más. Cerré el vehículo y pase diez minutos, el tiempo justo  para preguntar como estaban y para dar unos cuantos besos.

De allí me fui a mi casa y fue en ese momento,  cuando quise entrar en el garaje, cuando me di cuenta de la ausencia de las putas llaves. Primero, pensé que se me habían caído al suelo. Nada, en el suelo no estaban. Llame a la oficina por sí me las hubiese dejado en el despacho. Nada, allí no había ni rastro. Les pedi que bajasen a donde tuve aparcado el coche por sí estaban en el suelo. Nada, tampoco. Y si, se me hubiesen caído en el garaje. Gracias a un vecino pude entrar. En el suelo nada. Además, la persiana de mi plaza de garaje estaba cerrada con llave, cosa que no acostumbro hacer, y que por lo menos demuestra que hasta aquel momento las tenían en mi poder

Estaba llegando a Santiago y, mentalmente, repetía ese recorrido una y otra vez. Casa, garaje, aparcamiento, oficina, aparcamiento, centro de salud, casa. Una y otra vez, una y otra vez y no lograba encntrar ni el lugar ni el momento en que perdí las llaves. Pudo ser después de cerrar la puerta del garaje. Pudo ser cuando carge el maletero de mi coche. No sé

Puede que el lunes aparezcan dentro de un cajón o que venga San Cucufato con las llaves y con cara de amigo pidiendo por favor que no le toque los cojones.

No se, pero esto de no encontrar sentido a las cosas, y ya se que se ptrata de una perdida...y la molesta insistencia de una  lluvia que seguia cayendo cuando   ya circulaba por Santiago me estáaban haciendo perder los nervios, y ya me llegó lo que perdí por hoy. 


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